Después de todo nunca llegaré al estado de completa tranquilidad. Cuando el río fluye perfectamente, llega esa escasa lluvia de verano que hace que se convierta en una catástrofe. Nadie lo sabía. Pero nada andaba bien ahí dentro. Nada podía ser estable y todos ayudaban a provocarlo. Temor a nunca llegar a ser suficiente, a no dar la talla para nada. Demasiados rocas para que pueda seguir una línea recta la corriente. Se debilita y cuando quiere llegar al mar, puede que sea demasiado tarde. Simplemente, he deseado más veces morir que seguir viviendo. Esos días en los que desearías podere dar un escarmiento. Podría tirarme horas hablando de ello, pero no se merece gastar el tiempo. [...]
lunes, 11 de agosto de 2014
sábado, 7 de junio de 2014
Sedas.
miércoles, 21 de mayo de 2014
Tan.
Tramposo el que no miente cuando todos lo hacen. Entra en un bucle gris con tacto de madreperla por el que te deslizas sin punto de fin. Te preguntas qué salida tiene. Pero sigues girando en un abismo de indiferencia sin sentido aparente.
sábado, 26 de abril de 2014
Viento.
domingo, 30 de marzo de 2014
Invisible.
Despacio. Duérmete. No despiertes.
Déjame salir.
Sólo necesito verte soñar con dejar de latir.
Observar detenidamente la capacidad que tienes de renunciar a dejarlo todo. Haré que cualquier soplo de viento se convierta en hoja afilada, que tú misma utilizarás de prenda. Vestirás tela de indiferencia, porque nadie se parará a romperla. Sin luna que te guíe, sin rumbo, sin cielo como meta. Te daré como compañera una de mis mejores sombras, que utilizarás como única salida. Carecerás de esperanza pero te quitaré cualquier hoja dejándote ver gente que en realidad no quiere oír tu respirar, lo que te impedirá, con falsos caminos, dejar de latir. Verás la muerte reflejada en un intento de ver luz. Todo camino se desvanecerá, toda ayuda se convertirá en cepo, quedarás tú sola, lamiéndote las heridas.
Sólo necesito verte morir.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Sombras.
¿Por qué? Siempre he defendido la tolerancia de los diferentes tipos de cuerpo. Pero me importa. Y no es nada insignificante. Mi autoestima se sumergía hacia el infierno y las ganas de ir con ella aumentaban. Podía quedar algo de esperanza entre los pétalos marchitos. Algo que me impedía terminar completamente. Eso debo buscar, ese superviviente que salió cuerdo de la guerra, que es lo único que vale la pena. Algo por sonreír. Ese horrible sentimiento ha engullido cualquier tipo de sentimiento visible hacia la gente. Y eso me duele más que nada. Dudo de todo. No sé cuál reflejo es el verdadero, si la gente me tiene algo de cariño, si por dentro doy tanto asco como me lo doy a mí misma, si molesto, si realmente podré subir a respirar y si me estoy metiendo en el laberinto del que nunca sospeché.
martes, 18 de marzo de 2014
Pequeñas.
Estaba tan perdida que se desorientaba entre las pequeñas gotas de lluvia que abrazaban el cristal de su ventana. Pequeña. Impotente. Nada. Podrían bailarla a su elección, se dejaba guiar por esos remolinos que pasaban por su vida. Siempre se había guiado por el viento, ahora tocaba luchar en contra. Cerraba los ojos. Los abría y veía un colibrí. Sencillo. Sin cadenas al espejo. Cerraba los ojos. Abanicaba sus pestañas y aparecía una rata callejera. Solo podía desplazar ese trozo de sacapuntas, aquel objeto infantil se había convertido en su salida de emergencia. Cerraba los ojos. Un colibrí al menos. Al más no había suerte. Una sucia cucaracha había infectado el cristal. Sus asquerosas patas rechinaban, riéndose de ella. Las justificaciones que salían del bicho la golpeaban hasta dejarla tirada en el suelo. Aquella horrible criatura tenía razón. Si aparecía más que el colibrí sería que el espejismo era ese que tanto ansiaba. Esperanza falsa. Si no se quería ella, ¿cómo pretendía que lo hiciera alguien? Su exterior estaba podrido y dentro de ella, sus flores se marchitaban por momentos y con ellas, los bichos se multiplicaban. Las pequeñas sombras se dirigían hacia lo único valioso que encontraban en ella, un anillo de plata que siempre llevaba en su dedo corazón. Plata. Les repelía. Daban pasos atrás y salían por aquellas líneas. Aquellos dibujos en su piel. Invitaban a repasarlas.

