Después de todo nunca llegaré al estado de completa tranquilidad. Cuando el río fluye perfectamente, llega esa escasa lluvia de verano que hace que se convierta en una catástrofe. Nadie lo sabía. Pero nada andaba bien ahí dentro. Nada podía ser estable y todos ayudaban a provocarlo. Temor a nunca llegar a ser suficiente, a no dar la talla para nada. Demasiados rocas para que pueda seguir una línea recta la corriente. Se debilita y cuando quiere llegar al mar, puede que sea demasiado tarde. Simplemente, he deseado más veces morir que seguir viviendo. Esos días en los que desearías podere dar un escarmiento. Podría tirarme horas hablando de ello, pero no se merece gastar el tiempo. [...]