Podría mentirme y decirme que tengo una vida plena avanzando con las cuerdas que yo misma tejo. Siento el dolor, placentero, como si de un hielo sobre la piel estuviera hablando. Empiezo a rechazar la morfina, que me empapa las entrañas y suaviza mis cortes limpios en los huesos. Soy el trilero de mi alma, intentando buscar en vasos vacíos que yo misma sé que no son ganadores ni abrazando al azar. Mi sangre se hiela y claro que quema. Claro que podría arrancarme el corazón con una mano y no saldría un suspiro de mis labios. Pero las heridas con saliva se curan. Claro que se curan...

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