Tiran de mis costillas al suelo
al infierno, hasta que
las rocas ceden y se vuelven líquidas,
como el universo de licor
en el que me tenías flotando. Empiezo a atravesar el cielo
hacia el muerto,
por capas.
Puedo ver como
se hunden mis dedos
en el camino hacia mi perdición,
¿o tal vez no?.
De lo que estoy
segura es que esa arena fina
que se me queda entre los pies, me está
carcomiendo,
arrancando la piel.
Aún se pueden ver en ella
Las hojas secas del suelo
Que quedaron disueltas en la pupila de mis ojos, sus ojos.
Desnudos con cada palabra;
ausentes, indefensos.
Nada podía hacer más daño
que las lluvias caídas de año en año
hasta volver a sentir.
Aún queda ese viento por respirar.
Expirar.