Me gustaría hablar de mí, de ahora, en esta fase de cambio y, sobre todo, desconcierto. Un tema, digamos, que no suelo hablar. Mí. En donde habito. Mi envoltura. No consigo entender, por qué, si me siento vacía me preocupo de mi apariencia. Será mi ser, el superviviente que salió cuerdo de la guerra. Algo normal en mi edad. Sinceramente, no sé mi opinión. Mi mente me quiere matar. Al mirarme al espejo siento un instinto de morir. Lo odio. ¿Pero, Celia, si tienes mayores preocupaciones, qué haces preocupándote de algo tan simple? No lo sé, pero me parece tan ridículo...Mi humor cambia y mis demonios se alimentan de esto. Pienso, sabes por lo que ha pasado cierta persona y lo entiendes perfectamente, ¿por qué te estás metiendo en esta mierda? Me gustaría saberlo. De lo que soy consciente es de mi inconformidad con mi cuerpo. Joder, Celia, ¿te das cuenta de lo primaria que estás siendo? Por favor, qué vergüenza. He adelgazado tres kilos. Necesito más, inconscientemente. Pero todo está controlado. Solo necesito unos kilos menos, pongamos quedarme en los cincuenta. No voy a caer, sería muy simple. Además, no podría volver a subir, no con todas estas cadenas arrastrando tras de mí. ¿Cómo quererme si por mi culpa todo está saliendo mal?¿Qué diría esa niña que dedicaba sus días a sonreír e intentar dibujar una a todo el mundo? La he decepcionado. Lo siento. Joder, perdonadme. Siento a los que he amargado el día. Siento estorbar en todos lados. Lo siento, personita, por meterme en tu vida, formando parte de tu hermano. Siento haberme enfadado con mi hermana sin razón. Siento preocupar a mis padres. Siento preocupar a mi abuela. Siento joderlo todo, como sea. Siento ser como soy.
Siento existir. Lo siento.
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